
Pues claro, ya me gustaría reencontrármelo al pobre preso de azules y heridos ojos, pero me parece bastante improbable. Le abrazaría y espero que se le hubiera alegrado un poco el semblante, pues la cárcel es muy, muy dura.
Un desastre.


EL DESIERTO (CUENTO)
Estaba el profeta meditando en el desierto cuando una mujer se llegó hasta él. Venía llorando y con el cabello suelto, y cuando llegó a su lado se lanzó a sus pies.. Se tapó la cabeza con el manto y los sollozos la estemecían
-¿Qué te pasa?- le preguntó el hombre con dulzura.
-Señor , tú eres un hombre bueno y dices palabras de consuelo.Pero no hallo paz porque no tengo fe. Pero pienso que eres sincero y santo.
-No soy santo. Reza, y Dios te concederá la fe. La fe no se improvisa. Es un regalo de El.
-Rabbí, tengo los ojos secos de tanto llorar y la cabeza me estalla. Dios no me escucha. De todos modos, como apenas creo en El, no espero respuesta.
-Persevera.
-Estoy harta..Soy mujer paciente.Tengo marido, hijos y suegra. , todos a mi cargo. Estoy acostumbrada a tener paciencia. Pero Dios me puede.
-Dios nos puede a todos.Es bueno que así sea.
-No me entiendes.
-Más de lo que te imaginas.
-Tú tienes fe y no comprendes lo que yo padezco.
-Yo tengo fe porque durante años la he pedido a gritos, aquí, en el desierto. Solo los escorpiones y las serpientes me oían.
-¿Y nadie más?
-Dios, por supuesto.
-Pues tienes suerte. A mí no me hace caso.
-Debes insistir. recuerda aquello :”Pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá;, ;porque quien pide recibe, quien busca encuentra y a quien llama se le abre”.
-Ya he oído eso muchas veces. Un día creí haber encontrado algo, pero luego lo perdí..
-Lo puedes volver a encontrar. .La fe es como el viento del desierto, que a veces sopla con fuerza y a veces parece que se ha quedado quieto, y es que está en otro lugar, muy lejos. Pero siempre vuelve.
-Estoy muy triste. Necesito tu consuelo.
El profeta le puso la mano en la cabeza y le acarició el pelo. La mujer sollozó de nuevo.
-Yo rezaré por ti.
La mujer le miró y vió su cara serena, y le envidió. Vio delante suyo a un hombre en paz.La paz era algo que siempre se le había negado.
-¿Siempre estuviste así, en paz?
-No. Durante años peleé a brazo partido con todos los demonios de estas soledades.
-¿Y cómo conseguiste la paz?
-Un día vino de pronto, como el simún.
-¿Y no te ha abandonado nunca?
-No. Desde ese día no.
-¡Qué suerte!
-Tú también tendrás esa suerte.
-No, porque yo ya no creo en nada. Tu sí eres hombre de fe. Dios se aparta de mí porque yo me he apartado de El. Ya no volverá...
-No hay que desesperar. La desesperanza es pecado.
-¡¿Cómo puedes decir eso a alguien que está desesperado?¡¿Tú eres Isa bin Mariam y me dices una cosa así?
-Yo no soy Isa. ¿Qué te hizo pensar eso?
-Desde que empecé a leer este relato lo creí..
-Creíste mal. ¿No sabes aquello que fué dicho: “aparecerán falsos profetas”?
-Sí, pero no pienso que tú seas uno de ellos rabbí..
-Yo no creo ser falso, pero tampoco soy Isa.
-¿Pues quién eres?
-Sólo un pobre hombre a quien Dios ha hecho el regalo de la fe. .
-Y no se la ha quitado, como a mí.
-De momento no. Siempre está conmigo.
-Dichoso tú.
La mujer se envolvió en el manto. Se lo puso encima de la cabeza, y, arrebujándose en la negra tela, se marchó.
El profeta rezó por ella pero eso nunca lo supo.
La mujer se dijo:
-Iré al pozo y me tiraré y así moriré y se acabará mi sufrimiento.
Pero pensó que su familia la necesitaba.
-Soy una egoísta. No tengo derecho a hacer esto porque me sienta mal. Intentaré no pensar, hacer la vida más fácil a mis parientes y estar contenta, o al menos parecerlo. Esto servirá para distraerme y no pensar. Guisaré, ordeñaré a las cabras, las llevaré a pastar. Pero están las noches. Intentaré estar muy cansada para dormir. Ojalá no despertase.
Con estos sombríos pensamientos llego a su tienda negra de familia beduína. Sus niños jugaban fuera. Su suegra, ciega, estaba mirando al sol sin verlo, sentada en el suelo. .
-Esta es mi realidad-se dijo la mujer. -Debo vivir con los pies en la realidad, la mía, que ésa sí existe. Dios no lo sé, y los demonios tampoco. Pero las cabras necesitan quien las ordeñe, y a mi familia quien la cuide.
Se puso manos a la obra, y al cabo de un rato se sintió mejor.
-El trabajar es buena medicina. Si meditase todo el día como el profeta me volvería loca.
De entonces en adelante, cada vez que sentía el corazón oprimido se ponía a trabajar, y se sentía mejor.
Cuando fué muy vieja se murió.
Yo no sé lo que fué de ella. Este cuento se ha escrito solo. Pensé en acabarlo de otra manera pero se ha terminado él solo.
Yo no sé lo que fué de la mujer beduína. Tampoco del profeta. Tampoco sé lo que ha sido de mis muertos, ni lo que será de mí.
Solo Dios lo sabe.
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EL DESIERTO (CUENTO)
Estaba el profeta meditando en el desierto cuando una mujer se llegó hasta él. Venía llorando y con el cabello suelto, y cuando llegó a su lado se lanzó a sus pies.. Se tapó la cabeza con el manto y los sollozos la estemecían
-¿Qué te pasa?- le preguntó el hombre con dulzura.
-Señor , tú eres un hombre bueno y dices palabras de consuelo.Pero no hallo paz porque no tengo fe. Pero pienso que eres sincero y santo.
-No soy santo. Reza, y Dios te concederá la fe. La fe no se improvisa. Es un regalo de El.
-Rabbí, tengo los ojos secos de tanto llorar y la cabeza me estalla. Dios no me escucha. De todos modos, como apenas creo en El, no espero respuesta.
-Persevera.
-Estoy harta..Soy mujer paciente.Tengo marido, hijos y suegra. , todos a mi cargo. Estoy acostumbrada a tener paciencia. Pero Dios me puede.
-Dios nos puede a todos.Es bueno que así sea.
-No me entiendes.
-Más de lo que te imaginas.
-Tú tienes fe y no comprendes lo que yo padezco.
-Yo tengo fe porque durante años la he pedido a gritos, aquí, en el desierto. Solo los escorpiones y las serpientes me oían.
-¿Y nadie más?
-Dios, por supuesto.
-Pues tienes suerte. A mí no me hace caso.
-Debes insistir. recuerda aquello :”Pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá;, ;porque quien pide recibe, quien busca encuentra y a quien llama se le abre”.
-Ya he oído eso muchas veces. Un día creí haber encontrado algo, pero luego lo perdí..
-Lo puedes volver a encontrar. .La fe es como el viento del desierto, que a veces sopla con fuerza y a veces parece que se ha quedado quieto, y es que está en otro lugar, muy lejos. Pero siempre vuelve.
-Estoy muy triste. Necesito tu consuelo.
El profeta le puso la mano en la cabeza y le acarició el pelo. La mujer sollozó de nuevo.
-Yo rezaré por ti.
La mujer le miró y vió su cara serena, y le envidió. Vio delante suyo a un hombre en paz.La paz era algo que siempre se le había negado.
-¿Siempre estuviste así, en paz?
-No. Durante años peleé a brazo partido con todos los demonios de estas soledades.
-¿Y cómo conseguiste la paz?
-Un día vino de pronto, como el simún.
-¿Y no te ha abandonado nunca?
-No. Desde ese día no.
-¡Qué suerte!
-Tú también tendrás esa suerte.
-No, porque yo ya no creo en nada. Tu sí eres hombre de fe. Dios se aparta de mí porque yo me he apartado de El. Ya no volverá...
-No hay que desesperar. La desesperanza es pecado.
-¡¿Cómo puedes decir eso a alguien que está desesperado?¡¿Tú eres Isa bin Mariam y me dices una cosa así?
-Yo no soy Isa. ¿Qué te hizo pensar eso?
-Desde que empecé a leer este relato lo creí..
-Creíste mal. ¿No sabes aquello que fué dicho: “aparecerán falsos profetas”?
-Sí, pero no pienso que tú seas uno de ellos rabbí..
-Yo no creo ser falso, pero tampoco soy Isa.
-¿Pues quién eres?
-Sólo un pobre hombre a quien Dios ha hecho el regalo de la fe. .
-Y no se la ha quitado, como a mí.
-De momento no. Siempre está conmigo.
-Dichoso tú.
La mujer se envolvió en el manto. Se lo puso encima de la cabeza, y, arrebujándose en la negra tela, se marchó.
El profeta rezó por ella pero eso nunca lo supo.
La mujer se dijo:
-Iré al pozo y me tiraré y así moriré y se acabará mi sufrimiento.
Pero pensó que su familia la necesitaba.
-Soy una egoísta. No tengo derecho a hacer esto porque me sienta mal. Intentaré no pensar, hacer la vida más fácil a mis parientes y estar contenta, o al menos parecerlo. Esto servirá para distraerme y no pensar. Guisaré, ordeñaré a las cabras, las llevaré a pastar. Pero están las noches. Intentaré estar muy cansada para dormir. Ojalá no despertase.
Con estos sombríos pensamientos llego a su tienda negra de familia beduína. Sus niños jugaban fuera. Su suegra, ciega, estaba mirando al sol sin verlo, sentada en el suelo. .
-Esta es mi realidad-se dijo la mujer. -Debo vivir con los pies en la realidad, la mía, que ésa sí existe. Dios no lo sé, y los demonios tampoco. Pero las cabras necesitan quien las ordeñe, y a mi familia quien la cuide.
Se puso manos a la obra, y al cabo de un rato se sintió mejor.
-El trabajar es buena medicina. Si meditase todo el día como el profeta me volvería loca.
De entonces en adelante, cada vez que sentía el corazón oprimido se ponía a trabajar, y se sentía mejor.
Cuando fué muy vieja se murió.
Yo no sé lo que fué de ella. Este cuento se ha escrito solo. Pensé en acabarlo de otra manera pero se ha terminado él solo.
Yo no sé lo que fué de la mujer beduína. Tampoco del profeta. Tampoco sé lo que ha sido de mis muertos, ni lo que será de mí.
Solo Dios lo sabe.
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EL DESIERTO (CUENTO)
Estaba el profeta meditando en el desierto cuando una mujer se llegó hasta él. Venía llorando y con el cabello suelto, y cuando llegó a su lado se lanzó a sus pies.. Se tapó la cabeza con el manto y los sollozos la estemecían
-¿Qué te pasa?- le preguntó el hombre con dulzura.
-Señor , tú eres un hombre bueno y dices palabras de consuelo.Pero no hallo paz porque no tengo fe. Pero pienso que eres sincero y santo.
-No soy santo. Reza, y Dios te concederá la fe. La fe no se improvisa. Es un regalo de El.
-Rabbí, tengo los ojos secos de tanto llorar y la cabeza me estalla. Dios no me escucha. De todos modos, como apenas creo en El, no espero respuesta.
-Persevera.
-Estoy harta..Soy mujer paciente.Tengo marido, hijos y suegra. , todos a mi cargo. Estoy acostumbrada a tener paciencia. Pero Dios me puede.
-Dios nos puede a todos.Es bueno que así sea.
-No me entiendes.
-Más de lo que te imaginas.
-Tú tienes fe y no comprendes lo que yo padezco.
-Yo tengo fe porque durante años la he pedido a gritos, aquí, en el desierto. Solo los escorpiones y las serpientes me oían.
-¿Y nadie más?
-Dios, por supuesto.
-Pues tienes suerte. A mí no me hace caso.
-Debes insistir. recuerda aquello :”Pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá;, ;porque quien pide recibe, quien busca encuentra y a quien llama se le abre”.
-Ya he oído eso muchas veces. Un día creí haber encontrado algo, pero luego lo perdí..
-Lo puedes volver a encontrar. .La fe es como el viento del desierto, que a veces sopla con fuerza y a veces parece que se ha quedado quieto, y es que está en otro lugar, muy lejos. Pero siempre vuelve.
-Estoy muy triste. Necesito tu consuelo.
El profeta le puso la mano en la cabeza y le acarició el pelo. La mujer sollozó de nuevo.
-Yo rezaré por ti.
La mujer le miró y vió su cara serena, y le envidió. Vio delante suyo a un hombre en paz.La paz era algo que siempre se le había negado.
-¿Siempre estuviste así, en paz?
-No. Durante años peleé a brazo partido con todos los demonios de estas soledades.
-¿Y cómo conseguiste la paz?
-Un día vino de pronto, como el simún.
-¿Y no te ha abandonado nunca?
-No. Desde ese día no.
-¡Qué suerte!
-Tú también tendrás esa suerte.
-No, porque yo ya no creo en nada. Tu sí eres hombre de fe. Dios se aparta de mí porque yo me he apartado de El. Ya no volverá...
-No hay que desesperar. La desesperanza es pecado.
-¡¿Cómo puedes decir eso a alguien que está desesperado?¡¿Tú eres Isa bin Mariam y me dices una cosa así?
-Yo no soy Isa. ¿Qué te hizo pensar eso?
-Desde que empecé a leer este relato lo creí..
-Creíste mal. ¿No sabes aquello que fué dicho: “aparecerán falsos profetas”?
-Sí, pero no pienso que tú seas uno de ellos rabbí..
-Yo no creo ser falso, pero tampoco soy Isa.
-¿Pues quién eres?
-Sólo un pobre hombre a quien Dios ha hecho el regalo de la fe. .
-Y no se la ha quitado, como a mí.
-De momento no. Siempre está conmigo.
-Dichoso tú.
La mujer se envolvió en el manto. Se lo puso encima de la cabeza, y, arrebujándose en la negra tela, se marchó.
El profeta rezó por ella pero eso nunca lo supo.
La mujer se dijo:
-Iré al pozo y me tiraré y así moriré y se acabará mi sufrimiento.
Pero pensó que su familia la necesitaba.
-Soy una egoísta. No tengo derecho a hacer esto porque me sienta mal. Intentaré no pensar, hacer la vida más fácil a mis parientes y estar contenta, o al menos parecerlo. Esto servirá para distraerme y no pensar. Guisaré, ordeñaré a las cabras, las llevaré a pastar. Pero están las noches. Intentaré estar muy cansada para dormir. Ojalá no despertase.
Con estos sombríos pensamientos llego a su tienda negra de familia beduína. Sus niños jugaban fuera. Su suegra, ciega, estaba mirando al sol sin verlo, sentada en el suelo. .
-Esta es mi realidad-se dijo la mujer. -Debo vivir con los pies en la realidad, la mía, que ésa sí existe. Dios no lo sé, y los demonios tampoco. Pero las cabras necesitan quien las ordeñe, y a mi familia quien la cuide.
Se puso manos a la obra, y al cabo de un rato se sintió mejor.
-El trabajar es buena medicina. Si meditase todo el día como el profeta me volvería loca.
De entonces en adelante, cada vez que sentía el corazón oprimido se ponía a trabajar, y se sentía mejor.
Cuando fué muy vieja se murió.
Yo no sé lo que fué de ella. Este cuento se ha escrito solo. Pensé en acabarlo de otra manera pero se ha terminado él solo.
Yo no sé lo que fué de la mujer beduína. Tampoco del profeta. Tampoco sé lo que ha sido de mis muertos, ni lo que será de mí.
Solo Dios lo sabe.
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EL PERRO DE SÓCRATES
+++++++++++++++++++++ (De “Perros y Gatos en la Historia”)
Una soleada mañana en el agora de Atenas. Brillaba el mármol blanco del Partenón y de los Propileos y la gente se agitaba, gritona.,cada uno a lo suyo.Mercaderes, filósofos enmedio de un reducido número de discípulos pendientes de sus palabras, vendedores de todo lo imaginable, pícaros de profesión y venerables matronas disfrutaban de aquel espléndido día.
Pero en una esquina, cerca de donde las cariátides del Erecteon soportaban pacientes las losas que les habían caído en desgracia, tres perros juntos y cabizbajos parecían la imagen patente de que en este mundo
nada es perfecto., la felicidad breve y las penas siempre al acecho.Uno de ellos, el que parecía más afectado,
era un chucho de ojos negros y tristes. El otro, que se frotaba amistosamente contra él como para infundirle valor, era un bulldog mezclado, de salientes colmillos inferiores.El tercer compañero era un perrillo chico, de orejas tiesas, rabicorto y de ojos vivísimos.
-¡Vamos, compañero!,-le decía el colmilludo a su abatido amigo.-La vida es así. Nos tienes a nosotros. Ya pasará esa pena.
-¡Te comprendemos!-decía dando saltitos el pequeñín.-Si yo os contara lo que pasé cuando fuí abandonado por mis amos...
-Nos lo has contado mil veces-le interrumpió el gordo de los colmillos.No es el momento-dijo con severidad., mirando tristemente al peludo can.
Este estaba cada vez más cabizbajo, se le hundía la cabeza entre los hombros y una lágrima gorda y redonda salió de su ojo derecho, recorrió su hocico hasta la punta y allí se quedó detenida. Entonces sacó una lengua larga y sonrosada y se la sorbió ruidosamente. Luego empezó a hablar.
-¡Ay, compañeros! ¡Qué sería de mi´ sin vuestro consuelo!. ¡Dia aciago el de hoy en que mi amo ha tenido que cruzar las negras aguas de la laguna Estigia en la barca de Caronte!
Y es que el perro de Sócrates, de tanto andar con su amo entre filósofos y escritores, había adquirido algo de las formas cultas de hablar de aquellos.
-Esta mañana, cuando le han dado a beber la cicuta, ha sido horrible...¡He perdido al mejor amo del mundo, el más cariñoso, sabio, comprensivo....Auuuuuuuhhh¡¡¡¡
Esto lo dijo ya con la cabeza hacia atrás y el corazón hecho pedazos.
-¡Cuántos buenos recuerdos tengo de él!-prosiguió sobreponiéndose, mientras sus amigos le escuchaban en respetuoso silencio..-Ibamos por el mercado con sus discípulos, y al ver la cantidad de mercancías expuestas se reía y decía:”¡Cuántas cosas necesita hoy la gente¡”...Y se reía de ellos, que sólo podían ser felices poseyendo cosas,cuando él lo era más que ninguno, y no usaba zapatos y sólo tenía un jitón que no se quitaba nunca...
-Sí, pero vaya vida que le daba a la pobre Jantipa-dijo el pequeñajo, que tenía espíritu práctico.-El no daba ni golpe, siempre viviendo del cuento, mientras ella se deslomaba lavando por cuenta ajena...
-No le critiques-dijo el perro de Sócrates.-Bien es verdad que no trabajaba, pero ten´ia una pequeña renta de sus padres y podía vivir. Jantipa era gruñona por naturaleza y le molestaba que estuviese siempre con sus amigotes Platón, Aristóteles, Euclides, Jenofonte y los demás. Lo quería siempre en casa, y los genios deben darse a los demás, irradiar su saber.
-Pero era un sabio bastante raro-dijo cautelosamente el gordo. -Yo no sé nada, soy un perro ignorante que nunca ha tratado con filósofos, pero por lo que he oído, nunca respondía a las preguntas que se le hacían. Era él quien las hacía, y sin cesar. Hurgaba en todo, nada escapaba a su ironía. Como era hijo de comadrona, decía, lo suyo era parir ideas y nada más. No daba soluciones. Unicamente decía aquello de “sólo sé que no sé nada”, y se quedaba tan ancho.
-No entiendo-dijo el colmilludo encogiéndose de hombros hasta el punto en que es capaz de encogerse de hombros un perro.
-¡Oh, no le entendéis!-decía el desconsolado can. -El era tolerante, democrático, y bajo su sucio jitón tenía un corazón que buscaba la verdad aunque sabía que nunca la encontraría. Cuando su mujer le demandó ante los tribunales, por la vida que llevaba, extravagante,,no solo no se defendió, sino que la defendió a ella, dándole la razón en todo.
-Sí, pero al día siguiente volvió a vagabundear con sus amigotes, como siempre,- dijo, tozudo, el pequeño.
-Era su forma de ser, no nació para casado. Nació para hacer preguntas sin respuesta, para remover lo que no debe tocarse. Y así ha acabado. ¡AAAuuuuuuuhhh!
-Vamos, vamos,- dijeron a coro sus dos amigos.-Dejemos esta conversación. Los perros sin amo debemos ayudarnos mutuamente. Vayamos donde los carniceros, a lo mejor nos dan un hueso para olvidar...
Y esta noche los tres aullaremos a la luna, y cuando ya no podamos más nos tumbaremos sobre los romeros hasta que venga la aurora de rosáceos dedos, y mañana será otro día---...¡Valor, compañero!. Hay que echarle valor a esta perra vida.....
Se levantaron a la vez y empezaron a andar en busca del olvido y de algún hueso suculento.
-------------
EL PRESO DE LOS OJOS AZULES
Lo conocí en la cárcel, donde iba a hacer visitas a los que lo solicitaban a mi asociación. Era de estatura media, color de piel morena y unos ojos azules como la porcelana.
Durante varios días me explicó su vida, sus delitos, su resignación. Estaba enfermo, tenían que operarle en el Hospital. de la Sangre. Charlábamos mucho, me contaba de la vida en la cárcel, del trato que recibían, . Me dijo que allí no se podían tener amigos, que cada uno iba a su bola.Hay unos mil hombres por cien mujeres internados. Todas pueden tener novio si quieren, y sus vis a vis.
El día antes de la operación estaba entero, pero preocupado. Era una operación delicada.
Una del as cosas que me dijo antes de despedirnos fué que si le encontraba en la calle algún día, le saludase como a un amigo, pero por favor, no mencionase nada de su pasado carcelario. Que le haría daño. Así se lo prometí y nos despedimos.
Cuando calculé que ya lo habían operado, fu í a verlo al Hospital .Pero no pude. Me dijeron que todos los presos allí internados estaban bajo custodia, y que si yo no era pariente, no podía verlo. Yo dije que sólo era una amiga.. No me dejaron verlo.
No he vuelto a sabe r de él.
Me acuerdo mucho de sus ojos azules, duros y resignados.
ººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººº
--EL DEMONIO—
Era un demonio muy viejo.. Gustaba de vagar por desiertos ardientes arrastrado por el viento aún más ardiente y ver allá abajo las caravanas avanzar poco a pocoy las negras tiendas de los beduínos, como insectos. Era tan viejo que había visto a Asurbanipal en persona al frente de su ejército sus batallas y sus atrocidades al entrar en las ciudades conquistadas.
“-Cien mil hombres he hecho empalar, yo, Asurbanipal”-escribia en estelas de piedra.
Vió a los egipcios luchar bajo un sol implacable y expulsar a los hititas y la sangre correr entre las piedras calcinadas donde no crecía nada.
Más tarde vió a las legiones romanas, un poco más allá, morir de forma parecida por la gloria del Imperio.Pasaron los siglos y siguió viendo soldados que se mataban entre sí.
Sufría mucho porque no había muerto en paz y su espíritu no encontraba descanso. Era solo eso, un espíritu atormentado . De día gemía con el viento su dolor y de noche se quejaba con las piedras que crujían en la oscuridad.
Hasta que un día no pudo más y se dirigió al que más odiaba, a El Que No Tiene Nombre.
-Déjame entrar en el cuerpo de un hombre, para que le atormente y sea un poco menos infeliz!-suplicó.
Pero no recibió respuesta.
Y como era un espíritu maligno se enfurecio terriblemente y se dirigió aonde habitaban los hombres.
Entró en el cuerpo de una de ellos y empezó a atormentarle.Los otros dijeros:
-Está endemoniado, hay que matarle.
Y los que decían esto no se daban cuenta de que habían llevado toda la vida ellos también otro diablo dentro.
Lo ataron a un poste y lo quemaron, y alababan a El Que No Tiene Nombre mientras llamas lamían y abrasaban el cuerpo de aquel desgraciado.
Al demonio le daba lo mismo el fuego de la hoguera que el fuego del desierto, y volvió a él, donde pasó varios siglos más gimiendo atormentado.
Un día pensó:
-Tal vez en el mar encuentre algún reposo.
Y volvió a vagar, esta vez sobre las olas y vió los barcos y los hombres que en ellos trabajaban. Voló sobre la inmensidad del océano, lejos de la costa, tan lejos que no veía tierra por ninguna parte. No había allí barcos ni gaviotas. Solo a veces allá abajo el cuerpo brillante de un gran pez aparecía, para volver a hundirse en las profundidades..
Pero la inmensidad del agua no le dio la paz. Nada exterior a él podía dársela. Estaba solo.
Pensó en cuando estaba en el cuerpo del hombre.No había sido feliz ni un momento, pero haciendo sufrir apaciguaba un poco su dolor.
Y volvió a hacer lo que antes había hecho.
Este cuento no tiene final, pues no es un cuento alegre, sino un cuento escrito en una mala hora. Pero no es más que eso, un cuento.
Tampoco es un cuento triste, porque los cuentos tristes tienen un final triste.
No es ni triste ni alegre.
Es sólo un cuento.


1Este es el primero de una serie de cuentos de animales llamados “Perros y Gatos en
1 DE CÓMO SE SELLÓ EL PACTO ENTRE EL HOMBRE Y EL PERRO
El Hombre estaba sentado a la puerta de su caverna, viendo caer la primera lluvia de otoño.La Mujer, dentro, raspaba unas pieles, mientras el Niño jugaba con unos huesecillos.Todos tenían la tripa llena. Aquellos días la caza había sido buena. La magia de las pinturas había sido eficaz y los buenos espíritus propicios. El Hombre, con la cabeza apoyada en la mano, pensaba que era feliz. Lo tenía todo. Una caverna confortable, una mujer que lo quería y un niño fuerte, que cazaría para ellos en su vejez.Cerró los ojos y suspiró, mientras escuchaba el ruido de la lluvia en las hojas secas.Pensó que pronto habría que encender el Fuego, su amigo del invierno. Estuvo un rato sumido en sus ensoñaciones, cuando su fino oído captó algo que no era la lluvia. Era como una queja suave, un lamento de una criatura pequeña.Escuchó de donde provenía el sonido y salió afuera, bajo la templada lluvia del final del verano. Anduvo unos metros y vió, debajo de un árbol, empapado, a un pequeño ser, un animal peludo que, acurrucado, gemía.
-¡Ah, claro!-pensó el Hombre.-Es una cría de esos animales que siempre van en manadas.¡Qué pequeño es!¿dónde estará su madre?.Tal vez ha muerto, o la ha perdido.
Y el Hombre se compadeció, lo cogió en brazos y lo llevó a su caverna.
-¡Pero qué me traes aquí!-se extraño
-Es muy pequeño, y ha perdido a su madre. Pobrecillo qué asustado está. Noto en mi mano palpitar su corazón.Fíjate, Mujer, qué ojos tiene. Te mira a tí y luego a mí.Nunca había visto a un animal de estos tan de cerca.¡Qué hocico tan suave tiene!. Voy a secarlo.
Y el Hombre, con un trozo de piel, fué secando el pelaje de aquel extraño ser. El conocía bien solamente a los animales que cazaba:Ciervos, jabalíes, conejos... Pero un bicho así solo lo había visto desde lejos, cuando se desplazaban en sus manadas, y nunca cachorro.
-Seguramente tendrá hambre-dijo el Hombre--Me parece que hay unos trocitos de carne que han sobrado de esta mañana.
-¿Vas a darle de nuestra carne?-se escandalizó
-Pero Mujer, ya cazaré algo para nuestro hijo.¿No ves que tiene hambre?. A nosotros nos sobra la comida.
El extraño ser comió en unos instantes la carne que el Hombre le ofreció.Luego se sentó, se sacudió el agua que aún quedaba en su espeso pelaje , y les miró fijamente, al Hombre y a
Hubo buena caza aquel otoño, y Perro, que así lo llamaron, iba aumentando de tamaño.Una vez
-¡Qué suerte he tenido de que Perro estuviera conmigo esta tarde cuando te fuiste a cazar!.Ha rondado por aquí un extraño cuyo aspecto me desagradaba en extremo, y Perro lo ha puesto en fuga ladrando y enseñándole los dientes.¡Si hubieras visto la cara del hombre!¡Parecía que había visto a algún mal espíritu!... Y
Los vecinos de las cavernas cercanas al principio se burlaron del Hombre, y se extrañaron muchísimo de que tuviese en su casa a un animal que no servía para comer, pero cuando se enteraron de que había puesto en fuga a un posible enemigo, ya no creyeron que el Hombre se había vuelto Niño.
Pasó el tiempo, y Perro a veces se quedaba con
-¡Es maravilloso!-decía ´éste.-Cuando mato una paloma o una perdiz y cae traspasada por mi flecha, Perro va a buscarla y me la trae en la boca, sin comérsela!.
Y el Hombre estaba orgulloso de Perro y se lo mostraba a sus amigos, que abrían unos grandes ojos al oír las cualidades de aquel animal que no servía para comer, pero que sin embargo tan útil era a su dueño.
-Y no solamente guarda mi casa y recoge mi caza, sino que juega con el Niño, y está siempre entretenido y no llora-explicaba el Hombre.
Pronto los habitantes del poblado de las cavernas procuraron conseguir uno de aquellos maravillosos animales que tan útiles eran, y que no solo eran una ayuda para sus amos, sino también unos magníficos y fieles compañeros.
Hubo otros Perros que por entonces salvaron la vida a sus dueños en peligro, que les acompañaron cuando estuvieron enfermos, y que lloraron su muerte a veces más que su propia familia.
-Perro,-le dijo un día el Hombre a su peludo compañero de corto rabo. -Te has ganado la carne que comes, el techo bajo el que te cobijas y el fuego junto al que te calientas en invierno. Te has ganado nuestro cariño, Perro. Eres uno más de la familia.
-¡Guau!-contestó Perro.
Y así quedó sellada la alianza entre Perro y Hombre, que dura hasta nuestros días y que nunca ha sido quebrantada por Perro, pero sí muchas veces por Hombre.
Maria Dolores de Burgos

DE COMO EL GATO SELLÓ UN PACTO CON EL HOMBRE
Hace muchos, muchísimos años, antes de que se construyeran las pirámides y de que el sol se pusiera tras la Gran Esfinge, y mucho antes todavía de que Moisés sacara de Egipto al pueblo de Israel, en Menfis el Faraón se moría.
Había enfermado de melancolía y ya nada le interesaba en el mundo.No tenía apetito, nada conseguía distraerle y deseaba llegar cuanto antes al Reino de los Muertos. Habían traído para él las mejores cantoras y arpistas, las más seductoras danzarinas y las más jóvenes y hermosas vírgenes de todo el país. Hasta habían importado esclavas de los países del Norte, pero nada conseguía sacar al Faraón de su apatía. Su hijo mayor deseaba su muerte, pues se impacientaba por ceñir la doble corona del Alto y el Bajo Egipto; muchas mujeres de su harén también, ya que querían que se sentase en el trono un nuevo señor más joven y fuerte. Pero habia quien le quería:Un centenar dehijos e hijas suyos y su nonagenaria madre estaban muy apenados al ver que su señor iba apagándose sin que ellos pudiesen hacer nada por impedirlo.Hasta vino un famoso médico sumerio pero no pudo conseguir más que los doctores egipcios.
El rey yacía en su cama con la mirada fija en el techo, su cobertor en el suelo. Era una tarde calurosa. Por las salas y pasillos de palacio no corría ni una brizna de aire, y si en alguna ocasión una leve ráfaga de viento venía a agitar las cortinas, era tan ardiente que no era grata su presencia.
Snefru, el Sumo Sacerdote, estaba preocupado. Tampoco él deseaba la muerte del Faraón. Eran casi de la misma edad y se conocían de toda la vida. Se llevaban bien y el poder lo ejercían a medias. En cambio con el príncipe heredero las cosas no marcharían del mismo modo. Pero no veía solución al problema. En estos momentos, en las cocinas reales estaban preparando exquisitos y raros platos con recetas extranjeras para ver si conseguían que el Faraón comiese algo.
Mientras tanto, no lejos de allí, una gata salvaje (entonces todos los gatos eran aún salvajes) estaba en otros apuros. Era la primera vez que iba a ser madre, y, buscando un sitio idóneo para que naciese su familia se había despistado dentro del vasto palacio. Buscaba un sitio tranquilo y no demasiado caluroso, puesen el exterior había pocos lugares al resguardo del terrible sol. Ese año Amon-Ra había extremado sus rigores, y de no haber sido por las siempre frescas aguas del Padre Nilo todos los habitantes de la Tierra Negra (así llamaban entonces los egipcios a su país) hubieran perecido.
Como decíamos, la gata (que por cierto era atigrada, como sus colegas salvajes) empezaba a arrepentirse de haberse metido en aquel dédalo de corredores y salas amueblados de forma nada cómoda para sus necesidades, cada vez más perentorias.
Entró por casualidad en la cámara donde yacía el Faraón, y ¡por fin!. Allí estaba justo lo que le estaba haciendo falta.¡El cobertor, caído en gruesos pliegues en el suelo!. Sin pensarlo un instante más se dejó caer en él con un prolongado suspiro.
Pasaron varias horas, y ya estaba el sol muy bajo en el horizonte cuando Snefru fué personalmente a la cámara del rey con una bandeja llena de exquisitas viandas para intentar una vez más que su señor se alimentase. Después llamaría a las doncellas para que le arreglasen para la noche.
Los guardias apostados a la puerta de la estancia real se pusieron rígidos al paso del Sumo Sacerdote. No habían visto a la gata, pues a causa del calor y del aburrimiento se habían quedado dormidos cuando aquella pasó atribulada. Eran expertos en dormir de pie apoyados en el quicio de la puertay solo a muy corta distancia se podía distinguir que no estaban haciendo una celosa guardia.
Snefru entró con la cabeza baja, desesperando ya de conseguir sus propósitos. Por eso su sorpresa fué grande cuando al mirar al lecho lo encontró vacío. ¿Qué habría sucedido?. Se acercó a éste y su asombro se acrecentó.
-¡Por Ptah!. ¡Mi señor! ¿Qué hacéis en esa postura?
El Faraón estaba en el suelo a cuatro patas, mirando algo que bullia entre los pliegues del cobertor.
-¡Ssssshhhht! ¡Calla Snefru, no grites! ¡Vas a asustarlos!
El Sumo Sacerdote no salía de su asombro. Pensó que su señor había enloquecido, en la última fase de su enfermedad fatal.
-Puedes mirarlos, Snefru, pero no los asustes. Acércate despacito...¡Más despacio , hombre!. Sin brusquedad...
Miró el sacerdote donde el Faraón le indicaba, y allí estaba la gata primeriza ocupándose del aseo de cuatro preciosos cachorros. Les daba cariñosos lametones, pues quería dejarlos limpios y primorosos. Que nadie pudiera decir que era una madre descuidada. Dos de ellos mamaban, y los otros se dejaban acicalar.
-¡Por Osiris!- exclamó Snefru.¿-De dónde ha salido este bicho?.
-No lo sé, ni me importa. Pero mira qué graciosoes, y que bien cuida a sus hijos... Los ha tenido hace un rato, ¿sabes?. Lo ha pasado mal la pobre, pero ahora están todos muy bien...¿Tú que crees que deben comer estos animales, Snefru?. Deberíamos darle algo. Estará muy cansada...
-No lo sé, mi señor. Creo que esto es lo que llaman un gato, pero no había visto ninguno vivo de cerca. Huyen de la presencia humana y sus costumbres son misteriosas.
-Bueno, no te quedes ahí parado... Trae un plato de leche, eso gusta a todo el mundo. ¡Vamos!
-S-s-sí, mi señor.
El Sumo Sacerdote salió de estampida, tropezando conla bandeja de las viandas que había dejado sobre una mesita cuando fué a investigar lo que hacía el Faraón. Se levantó de inmediato, llamando a las doncellas para que recogiesen aquello y trajesen nueva comida. No paró de correr hasta llegar al aposento de la Reina Madre, que estaba tejiendo. Había sido su ocupación favorita desde niña, y ahora que ya tenía los noventa cumplidos, había hecho tantos kilómetros de tela como para ir y volver dos veces del delta a la primera catarata.
-¡Señora, señora! ¡Milagro!...¡Ptah ha hecho el milagro!
-Snefru, tú siempre tan ruidoso,- contestó la noble dama agitando desaprobadoramente la pesada peluca.-Menos mal que ya se ha pasado la hora del reposo y el calor, pues si no hubieras despertado a varios cientos de los hijos de nuestro rey y señor...
Y siguió con su tarea sin hacerle caso.
-¡Señora, es verdad!¡El Faraón ha salido de su impasibilidad, y se ha interesado por algo!
-¡Cómo! ¿Qué es ello?
La Faraona madre se hizo explicar detalladamente el suceso, y, ya en antecedentes, dejó el telar. Acompañada del fiel Snefru se dirigió a la habitación de su hijo, que seguía sentado en el suelo entretenidísimo con la gata . Esta bebía leche en un plato de oro.
Pronto se enteró de la noticia el resto de la familia faraónica, que se agolpaba en los pasillos del vasto edificio. Sus hijos y nietos gritaban alborozados:
-¡Padre ha recuperado la ilusión!
-¡Abuelito se ha curado!- decían cientos de infantiles vocecillas.
Mientras, el Faraón se había puesto su real tocado, cubriéndose la brillante y redonda calva, y Snefru le hacía presentar nuevas viandas que aquel empezaba a picotear, compartiéndolas con la madre gata.
Llegó el heredero, Narmer, quien no podía dar crédito a lo que sus ojos veían. La esposa de éste, que se veía ya Faraona, estaba por los suelos presa de un ataque de nervios. Llegó también el harén del Faraón, que expresó su alegría un tanto forzadamente.
ElSumo Sacerdote, preso de religiosa exaltación, daba a voces gracias a Osiris y Ptah por el milagro.
-¡Hoy es un día grande en la Tierra de Egipto! ¡Gracias a este providencial animalillo nuestro Señor ha recuperado la salud! ¡Gracias sean dadas a los dioses!
Y dirigiéndose a la gata, que miraba todo este alboroto con dorados y burlones ojos, le preguntó:
-¿Y tú, bestezuela enviada por Osiris, qué recompensa deseas por el bien que nos has hecho?
La gata, que no era tonta (ninguna lo es), había sacado rápidamente conclusiones, y pensó que aquello había que aprovecharlo. Ocasiones semejantes no se presentaban todos los días.
-¡Bah!- dijo, sin mirar tan siquiera a Snefru, y atusándose premiosamente la punta del rabo-, yo no necesito recompensas materiales. Al lado de Isis, Osiris, Anubis, Ptah y Horus tengo todo lo que deseo...
Hay que aclarar que los gatos de entonces, aunque aún eran salvajes, conocían bien al hombre y sus costumbres. Es propio de la raza gatuna el parecer ausente de todo y sin embargo no perderse nada de lo que sucede.
-¿Cómo! ¿Conocesa nuestros dioses?- dijo sorprendido Snefru.
-¡Claro!- dijo despectivamente la gata, mirándole de hito en hito.
-¡Oh animal maravilloso!¿No accederías a quedarte con nosotros?. Si te vas, el Faraón volverá a caer en su apatía y morirá...
-Psé...no sé...Ahora tengo familia, y más responsabilidades...Y no debo abandonar al padre de mis hijos...
-¡Tráelo aquí, y viviréis todos como se merecen los enviados de los dioses!.Os prometo que nada os faltará.
-Sí, pero, ¿y nuestros descendientes?
-¡Sereis tratados como dioses hasta que la tierra deje de girar y caigan las estrellas!¡Oh Hija del Cielo!¡Accede a quedarte con nosotros!.
El Faraón, que contemplaba la escena, -así como parte de su numerosa familia, que se agolpaba a la puerta de la estancia- ordenó:
-¡Que venga Imhotep!
Al instante hacía su entrada en famoso arquitecto, hombre alto y robusto, que se inclinó respetuosamente ante el Faraón.
-Imhotep, quiero que construyas un templo para gatos, estos maravillosos animales enviados por el cielo.
-¡¿Un templo para gatos?!- contestó el hombre con los ojos como platos.
-Sí, sí, has oído bien... A partir de ahora los gatos son sagrados en la Tierra Negra. Y no pongas esa cara, no me impacientes, Imhotep...Desaparece y pon manos a la obra-
-Sí, mi señor- dijo éste inclinándose nuevam,ente, y saliendo sin entender nada.
Mientras, la gata se había subido a las rodillas del Faraón, quien la acariciaba, y había empezado a ronronear.
-¡Chist!-escuchad qué ruidito tan gracioso hace... Atiende, Snefru, y tú, madre...Pasadle la mano por encima, qué suavidad... Es como acariciar a un león en pequeño...
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El Faraón recuperó la salud y Snefru la tranquilidad. La gata se trajo consigo a su compañero y éste a sus amigos, que fueron adoptados por los altos dignatarios de la corte. Se construyeron templos donde vivían tranquila y muellemente, y cuando morían eran momificados. Aún hoy en Egipto se siguen descubriendo momias de gatos a centenares.
El hijo mayor, Narmer, descorazonado, se fué a guerrear contra los hititas.El harén se consolo conlos numerosos hijos de Su Majestad, que hacía la vista gorda pues era hombre comprensivo, y su anciana madre tejió aún varios kilómetros de tela.
El Faraón vivió hasta los ciento diez años rodeado de gatos y murió de puro viejo.
Así como vimos que el perro se asoció con el hombre por un pedazo de pan y un lugar junto al fuego, así el gato no consintió a ello sinoaccediendo a la categoría divina. Pero no por esto debemos juzgarle mal, pùes siempre se mostró un compañero cariñoso y útil para el hombre. Guardando su dignidad de cuando fué un dios, el gato hace compañía a muchos ancianos solitarios, igual que alegró los últimos años de la vida del Faraón, y sus crías siguen haciendo las delicias de los amantes de los animales, como lo hicieron de la Real Familia. Si algún gato es salvaje y arisco, seguro es debido a que recibió malos tratos por parte , pues si es tratado con cariño es un compañero tan cariñoso como el perro, aunque justo es decir que menos expresivo y más digno... Pero es que hay cosas, seamos comprensivos...que se suben a la cabeza...
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Donde está el dinerito, tiene origen en que en la plaza de San Marcos de Venecia. Se instalaban allí con bancos los cambistas, y ponian las monedas llegadas de todo el mundo en montoncitos, y se sabían estupendamente el valor de cada una de ellas. Se supone que la mayoría de ellos eran honrados. Pero cuando había algún altercado, se les rompía el banco, de ahi tambiene la palabra "crack" o "bancarrota" Más claro agua.
CHISTES
La hermana María va a ver al doctor del convento`porque tiene un hipo increíble.
-¡Hip¡¡hip¡¡hip¡...¿Tiene algo para el hipo?
-Déjeme que la examine.¡Pero hermana María, usted está embarazada!!
Y la monja sale corriendo. Al cabo de un rato viene la Superiora.
-¿Usted le ha dicho a la hermana María que está embarazada?
-Sí, pero no es cierto, solo era para que se llevase un susto y se le quitase el hipo.
-Pues el susto se lo ha llevado el cura y se ha tirado desde el campanario.
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Dos curas hablando:
-Padre Damián, y con todos estos cambios en la Iglesia,¿ usted cree que llegaremos a ver a los curas casados?
-Nosotros no, pero nuestros hijos sí.
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Un obispo llama la atención al cura de un pueblo..
-Pase que lleves vaqueros en vez de sotana. Pase que lleves camisas hawaianas...que te pongas un pendiente en la oreja izquierda...que lleves el pelo con coleta....Pero que en Semana Santa pongas un cartel de “cerrado por defunción del hijo del Jefe”, eso sí que no.
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Está un cura en la iglesia, abre el sagrario, saca el copón, lo destapa, y se encuentra un enanito de 5 cm.subido en una moto diminuta dando vueltas por el interior del copón a toda velocidad ..El cura, estupefacto, le dice:
-Pero...pero...¿Tú quién eres?
-¡¡¡¡Yaaahaaaaaa¡¡¡¡¡ Soy la hostiaaaaa¡¡¡¡¡¡
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-Oye, y a tí que te parece que los curas se casen?
-Hombre, si se quieren...
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