domingo, 25 de mayo de 2008

GILLES DE RAIS

Que es el señor con gesto altivo del principio, vivió en el s. XV y era su nombre completo Gilles de Montmorency, baron de Rais. Su pasión era la guerra y el derramamiento de sangre, con lo que era un estupendo militar. Colaboró activamente y simpatizó con Juana de Arco (que a mí siempre me ha parecido que se iba de la olla, pues eso de oir voces es propio de esquizofrénic@s), y luchó con ella en la Guerra de los 100 años, lo que le valió ser nombrado Mariscal de Francia. Pero la jubilación no iba con él, y cuando terminaron las guerras se encerró en su castillo más aburrido que una almeja. Entonces se reveló su verdadera personalidad. Este sí seguro que era un esquizo peligrosísimo, pues por una parte una de sus personalidades era la beata, creía en Dios a machamartillo, y en todo lo que decía la Iglesia, pero por otra parte era un sádico como pocos ha habido. Yo creo que peor que Mengele. Se rodeó de nigromantes, aprendió magia negra y sus profesores eran brujos reputados.Los alojaba en su castillo, y vivían a cuerpo de rey. Un día decidió y se lo dijo a su maestro en magia negra que había llegado la hora de hacer su pacto con el diablo, y entonces se procedió a advocar a Satanás. Yo no he invocado nunca a Satanás, ni pienso hacerlo; en esto soy como los del PP: Siempre al lado de la sombra más copuda:Dios. Pero él no pensaba así. Por lo visto en un principio había que hacer un círculo de tiza en el suelo y el interesado en vender su alma al diablo se tenía que meter dentro. El nigromante lo hacía, y Gilles se metía dentro, pero una vez lo estaba, se rajaba, le entraba el pánico y se salia a los pocos segundos. El brujo, exasperado, le regañaba. Así estuvieron largo rato, hasta que al fin se decidió. El brujo recitó las frases adecuadas y ya estuvo hecho el trato. (pero qué tonterías hace la gente)
Entonces empezo su verdadera carrera de monstruo sediento de sangre, y los siervos suyos empezaron a notar que desaparecían más niños que nunca. Al principio pensaron en los lobos, pero para desaparecer tanto, los lobos del lugar no daban abasto. Además no había ni rastro en el campo de nada de eso. Y era que el Gilles mandaba a sus diabólicos secuaces de noche a robar niños (yo creo, no lo sé, pero pienso que de estas cosas vienen cuentos asustaniños, como el hombre del saco y cosas parecidas) y luego los torturaba hasta la muerte. De formas tan variadas y horribles que cuando leí su biografía tuve que saltarme esa parte. Además se regodeaba prolongándoles la agonia. Era peor que la Condesa Báthory, que también era del mismo estilo. Otro día hablaré (escribiré) de ella. Pues tanta desaparición causó sospechas, las noticias llegaron al rey que inició una investigación. Le pillaron y en su proceso confesó de plano. Dijo que era un grandísimo pecador, pero no podia vivir sin ver salir la sangre a borbotones, sobre todo la de los niños. Cuando la Guerra de los 100 años estaba en su salsa, y todo el mundo lo consideraba muy valiente, pues allí podía ver y derramar todo el líquido rojo que se le antojase, pero confesó precisamente eso, que estaba colgado de la sangre, y todas las atrocidades que hizo después con los brujos y los niños. Este sujeto fué el que a Perrault inspiró su famoso Barba Azul. Todas estas barbaridades duraron unos 10 años, y como pienso yo que tenía una doble personalidad, de día se presentaba en casa de los padres de los niños torturados por él interesandose por su desaparición. Cada vez que hacía una orgía de estas, que eran casi cada noche, se arrepentía, y juraba peregrinar a Tierra Santa para purgar sus pecados. Entonces hacer turismo se consideraba una expiación. Después de contar a sus jueces que el asesinar niños de formas atroces le producía grandes orgasmos, fué condenado a ser decapitado, y sus restos enterrados en el convento de las Carmelitas de Nantes, a petición suya. (vaya muerto para las pobres monjas).Lo que no se sabe es si se convirtio en un fantasma errante en el convento o fué directamente a los infiernos. Una vez dijo que lo que él había hecho era lo que todos los hombres querían hacer, pero él se atrevió y los demás no. Caray con el payo.

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