
He escrito ya muchas cosas en estas memorias, y pienso seguir haciéndolo, porque cada día trae su afán y constantemente están ocurriendo cosas nuevas. Me he dado cuenta de que he tenido una vida entretenida, me lo he pasado muy bien y muy mal, sin medias tintas, pero hay cosas que nunca podré escribir aquí. Por ejemplo, la única carta de amor que he escrito en mi vida, una carta apasionada, ardiente y caliente como una brasa y que no se la envié precisamente a mi marido. No hablaré de esto. Son cosas viejas, locuras de juventud. También estuve, cuando m,e separé de Paco, a un tris de irme a Nicaragua, pues entonces muchos comunistas de aquí se iban a la guerrilla sandinista, tanto hombres como mujeres, y yo estaba tan destrozada por la separación que hubiera preferido que a Paco lo atropellara un coche o que se matase en la autopista que saber que se acostaba con otra-. Me hubiera ido para no volver pero me retuvieron mis padres y mis gatas.Todo se aregló después. Pero estaba decidida a empezar de nuevo en otra parte.
He tenido amores, amores fracasados, amores de posguerra, de esos que te dejan un mal sabor de boca porque no puedes consumarlos, porque te decía la sociedad que ciertas cosas no se podían hacer, y que me afectaron mucho mi salud. Porque yo todo me lo tomaba muy en serio, frívola no lo he sido nunca.
Me voy a comprar mañana un ipod, porque quiero que todas las canciones de mis años mozos, las revolucionarias, las de Brassens, Brel, Edith Piaf, Maria Dolores Pradera,Ana Belén, Violeta Parra, Quilapayún, Conchita piquer, Jorge Negrete, en fin, todas las que si no las recopilo ahora las perderé para siempre. En el ipod las voy a pasar y mientras las vaya pasando las iré oyendo y recordando, pues cada una de ellas corresponde a una etapa de mi vida, buena o mala, pero son muy evocadoras.
La vida vale la pena. Es apasionante.
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