domingo, 13 de julio de 2008

Cuento real y truculento como la vida misma.

Había una pobre mujer que, con su marido y su hijo de seis años, vivía en una ciudad de tamaño mediano, en la España profunda. La pobre recibía palizas sistemáticas del bruta bestia de su marido, que se entrenaba antes dando patadas a todos los perros y gatos que se encontraba en su camino. El hijo veía aquello y ya tan jovencito, decidió que no se casaría nunca, pues era consciente (los niños son mucho más conscientes de lo que los padres se creen, pero lo que pasa es que los adultos hemos olvidado nuestra niñez) que había heredado los genes de su padre, ya que se reconocía también bastante bruto, ya que sostenía continuas peleas a puñetazos con sus compañeros, y era el chulito de su clase.
-Yo haré lo mismo si me caso, y mis hijos se escandalizarán y avergonzarán de mí como yo detesto y tengo vergüenza de tener un padre así.
A la vez `pensaba que su madre era tonta, pues aunque era la parte más débil, podía tener preparado algún instrumento contundente para cuando su padre había perdido al mus o volvía de la casa de lenocinio que frecuentaba y no había conseguido lo que quería exactamente por su dinero. Una prenda de hombre, vaya. Entonces la emprendía a patadas y golpes con su madre, que se acurrucaba en un rincón y acababa como si la hubiese atropellado un camión. Como era mujer lerda y poco informada, no sabía que existían en la capital oficinas de su Comunidad Autónoma que podían ayudarle, y acogerla librándola de los ataques de aquel monstruo, que el día menos pensado, el hijo, Frasquito, pensaba caería muerta, y entonces los golpes serían para él. Por suerte, su padre lo ignoraba, seguramente porque era un niño y llevaba buenas notas. Además, conocía que a su hijo no le chuleaba nadie, y eso le agradaba. Ese era su hijo, había salido a él. A veces le hablaba mal de su madre, diciéndole que era tonta, como todas las mujeres, y Frasquito, que la quería, , pensaba que tenía razón, pero le daba mucha rabia que fuese tan sumisa. Un día se decidió a hablar con ella.
-Mamá- le dijo. -No puedo consentir que papá te mate a palizas, pero tú eres masoca o qué?
- ¡Ay, hijo, y yo qué pùedo hacer!. Mi familia no quiere saber nada de mis problemas, y la familia política no se preocupa de mi situación, aunque mi cuñada Virtudes siempre me ve en el super llena de cardenales y heridas y debe suponer perfectamente cómo me trata su hermano... En esta vida hemos venido a sufrir...
-¡Qué sufrir ni que gaitas gallegas!- se encalabrinó el niño Frasquito. -Es que tú, mamá, perdona que te lo diga, eres tonta del bote... y lo que te pasa te lo mereces. Una mujer, aunque más débil, si se enfada o sabe revolverse cuando toca, tiene mucho poder... pero tú eres como una mansa cordera, y eso no me gusta nada...
Así razonaba Frasquito a su madre, pero ésta siempre dudaba. La mujer, para más señas, se llamaba Melchora, y el marido, Gaspar. En vista de lo cual a Frasquito le habían puesto en el bautismo Francisco Baltasar García, como se apellidaba su bárbaro padre.
Un día en que la paliza había sido mayor que nunca, Frasquito le dijo a Melchora:
-Mamá, esto se tiene que acabar.¿Tú quieres a papá?
-Ay, hijo, siento tener que decirte esto de tu padre, pero la verdad es que le odio, y me gustaría perderle de vista. Pero en el Cuartel de los Civiles ya lo saben y se quedan cruzados de brazos. He oido que hay órdenes de alejamiento, pero se irritará todavía más y me matará definitivamente.
-¿Y es vida eso que soportas, mamá?- le dijo Frasquito hecho una furia contra su padre y su madre. -Tienes que tomar una decisión, pues yo no quiero ir a tu entierro. Si tú mueres, yo me iré de casa y me convertiré en un delincuente juvenil, y luego profesional, y acabaré siendo un tratante de blancas o me dedicaré por todo lo alto al comercio de drogas. En tu mano está.
-¡¡¡No, hijo!!!.¡Yo no quiero que termines siendo un delincuente!. Te quiero mucho, eres buen estudiante, aunque tus maneras son un poco bestiales, en esto has salido a tu padre, pero eres un buen hijo preocupándote tanto por mí!¡Yo quiero que tengas una buena vida!.
-Pues entonces me tienes que hacer caso. ¿Seguirás mis instrucciones?
.Sí, hijo, sí, haré lo que tú me digas. Eres muy listo.
-Pues he ideado un plan. Comola bestia bellotera de tu marido, al que no puedo llamar padre, suele venir en plan pegón cuando es la hora de la comida o la cena, procura que te coja friendo algo en la cocina. Pones mucho aceite en una sartén y que cuando él llegue esté hirviendo.
-¡Madre del amor hermoso!
-Calla y hazme caso. ¿quieres sobrevivir y vengarte?
- Sí, sí, claro-contestó la pobre Melchora, que con el apoyo de su hijo había cobrado nuevas fuerzas.
-Pues cuando papá entre, con esa cara de marrajo que se gasta, y te empiece a insultar, llamándote hembra idiota, puta de mierda y otras lindezas, tú mantente firme, coge la sartén con las dos manos, y, sin dudarlo y apuntando bien, esto es importante, le tiras el aceite a la cara.
-¡Cristo!
-Mamá, déjate de jaculatorias. Hazme caso. Y si no le das en la cara, al menos que le caiga en el cuerpo. Es muy importante. A lo mejor hasta le fríes los cataplines como si hicieras callos...¿lo harás?
La mujer los últimos días habia estado reflexionando y pensó que tenía que obedecer a su hijo, que nunca se dejaba maltratar por nadie.
Cuando al día siguiente llegó el padre en plan mihura, y entó berreando en la cocina, la mujer ya tenía la sartén lista, llena de aceite hirviendo en la que se había achicharrado ya un chanquete, pero no estaba para estas minucias. Era un arma, no para freír nada más que a su marido.
- ¡Cretina!¡Mala puta!. ¡Vengo hambriento!¿¡Qué me has hecho para cenar?
- Este chanquete calcinado- respondió valerosamente Melchora. Y sin dejar que el otro respondiera, ¡¡¡CHASSSS!!!! se lo tiró por la cara, dejándole ciego, mudo y cayendo redondo al suelo. Frasquito , que estaba observando todo desde el pasillo, cogió el teléfono y llamó al 091:
-¡¡¡Policía!!!¿¡¡¡Policía!!!?
- Dime, hijo- contestó la voz amable de un madero de guardia. ¿qué te pasa?-pensando que se trataba de una chiquillada, pero él tenia tres y sabía que a veces hay que hacerles caso.
-¡¡¡Vengan enseguida!!!. Mi padre ha querido matar a mi madre, y ésta, en defensa propia, le ha tirado una sartén llena de aceite caliente!!!. ¡Es terrible!.¡Vengar enseguida,porfa!. Mi padre yace en el suelo.No se mueve, y mi madre está subiéndose por las paredes, presa de un ataque de histeria.¿NO SË QUË HACER! ¡AYUDAAAAA!
-Enseguida vamos. ¿dónde es?.
Frasquito les dijo con aplomo la dirección, y a los pocos minutos oyó la sirena de la Poli, que se paró frente a su casa. Corrió a su encuentro.
-Socorro, ¡mis papás se han matado!. El la pegaba a diario y ella se ha vengado!
Les abrió y entraron en la casa, concretamente en la cocina, donde encontraron un cuadro tremendo. A Gaspar el maltratador sin sentido con la cara hecha una pizza, ensangrentada, los ojos fuera de las órbitas, y a la madre subida encima de la nevera aullando.
-Pobre niño- comentaron los maderos- ¡Y que haya tenido que ser él quien haya presenciado esto!
-¡Pues he presenciado durante años las palizas diarias que mi padre daba a mi madre!¡Aún era peor!¡Se lo merece!...
-Ven, chico. Y los polis le abrazaron. A veces los maderos parecen hasta personas. -No te preocupes. Tu madre se curará-le echaron un vistazo y vieron que tenía más cardenales que un Concilio-y tú vivirás con ella. -Eres un héroe, le has salvado la vida.
¡-Sí, pues desde hace poco amenazábala con el cuchillo de la carne y decía que se lo iba a clavar el día menos pensado!.
-Hala, dijo el poli a la ambulancia que acababa de llevar- llevaos esta mierda a la SS. a ver qué pueden hacer con él-seguro que ciego se quedará, y quizás le cueste hablar, si no se muere, porque tu madre le ha dado en todo lo alto.
-¡Se lo merecía!¡Pobre mamá!.
-Chico, estás muy excitado-Vas a venir con nosotros, verás a una psicóloga que te ayudará mucho y ya veremos qué hacemos contigo. Pero no volverás a ver nunca más estos horrores domésticos.
-¡Gracias, señor!- dijo Frasquito, que ya se sabía los procedimientos, por haberlos visto en la TV durante mucho tiempo. El se pasaría en algún centro una temporada, y lo que viniese siempre sería mejor.
Y así fué. Esta tremebunda historia terminó bien, el padre, baldado y ciego, pasó a prisión, la madre se recupero de su Concilio, y vivieron juntos madre e hijo comiendo perdices. Frasquito estudió para tornero en la FP y se convirtió en un gran profesional, montando su propio taller. Melchora, aunque le quedaron secuelas, pues tenia varios huesos rotos, fué recompuesta por un buen traumatólogo, y pudo vivir tranquilamente con su hijo y una nuera cariñosa que la comprendió enseguida, pero que no era nada mansa, pues Frasco había cogido horror a las mujeres sumisas. Nunca la pegó, y hasta un día recibió un bofetón de ella cuando se puso un poco borde. Pero pensó:-Esto son los genes de mi padre-y nada dijo, sino quela besó amorosamente.Tuvieron otro hijo al que pusieron Jesús, otro José, y una niña María, y así completaron entre todos el portal de Belén.
Y aquí acaba esta historia que, aunque un poco alocada, la vida lo es mucho más. Hèlas, hèlas...

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