viernes, 12 de septiembre de 2008

CHISTES MALOS,COMO TODOS LOS MÏOS


-Las recomendaciones del médico-
++++++++++++++++++++++++++++++++++++

El joven paciente se siente muy mal y acude al médioc, el cual le pregunta:
-Bebe usted licor?
-Sí, doctor.
-Vaya a alcohólicos Anónimos, para que lo deje poco a poco.¿fuma usted?
-Sí, doctor
-Póngase parches de nicotina, para que lo deje usted poco a poco. ¿tiene mucha actividad sexual?
-Sí, doctor.
-Cásese, para que lo vaya dejando poco a poco.

---------------

-¿La calle Provenza?
-Sí, es la que viene.
-¡Ah, entonces me espero!

-Niño, sal del coche y mra si funciona el intermitente.
-Ahora sí, ahora no, ahora sí, ahora no, ahora sí, ahora no...

-Oye, ¿a tí te suena un tal Pérez?
-No. Yo me sueno solo.

¿por qué los perros aúllan en el desierto?
Porque no hay árboles, solo cactus.

¿Qué le dice un huevo a la sartén?
-Me tienes frito.

Y aquí me paro, porque si sigo, me parece que mis lectores me abandonarán.

LA PELI DEL CHE



He visto la peli del CHE, y me ha gustado mucho, aunque podía haber contado más cosas y anécdotas. Pero está muy bien ambientada. En los periódicos dicen en la críticas que el Che era un "libertario", ya lo he leído un par de veces, y eso no es verdad. Un libertario no es un libertador, (supongo que se han hecho un lío), un libertario es un anarquista, y el Che era comunista.Pero vaya, está muy bien.

CAPITULO X


Cuando el conde se despertó al día siguiente estaba bastante mejoradito. Las cagueras habían remitido y, como era hombre fuerte, también estaba repuesto del cansancio de tanta cruzada.Se estiró con muy malos modos, eructó y soltó una flatulencia, seguida de un rugido de complacencia.
La gente cree que los nobles son gente culta y educada. El verdadero noble nunca ha sido ese que nos quieren pintar como amante de las artes, mecenas, culto por antonomasia, etc. No digo que los haya habido y los haya aún, pero el noble auténtico, el de su natural, , se caracteriza por tener gustos nada delicados.Se pirran por la caza, los deportes violentos y la guerra cuando podían hacerla. Nunca han shttp://www.blogger.com/img/gl.photo.gifido unos intelectuales. Los Médicis, por ejemplo, eran refinados e ilustrados, pero no dejaban de ser unos boticarios nuevos ricos.Eran unos nobles de pacotilla, despreciados por sus contemporáneos en la primera generación. La casa real francesa hizo ascos a Catalina de Médicis cuando se casó con Enrique II. Su nombre les venía de su provenencia de médicos y boticarios. Realmente provenían de la alta burguesía.El verdadero noble ha despreciado la cultura, era analfabeto y dejaba, en la Edad Media, ese tipo de cosas al clero y a alguna que otra mujer loca u ociosa.. Cazar, guerrear y fornicar. Todo lo demás mariconadas.

El conde se levantó y se puso a pensar. Cuando pensaba se le notaba,pues no estaba muy acostumbrado, y fruncía el ceño de modo que las cejas se le convertían en una raya peluda y enmarañada. Don Ñuflo tardaba lo suyo en tomar una decisión que no fuese bélica.
Mientras hace trabajar las meninges podemos observar un par de detalles. Mucha gente cree que el Medioevo era una época oscurantista y atrasada. Pero no saben que algunas de las comodidades de las que hoy no nos paramos a pensar en su origen fueron inventadas entonces.Por ejemplo, las ventanas con cristales a través de las cuales mira sin ver Don Ñuflo.Antes, las ventanas se cerraban con esteras o piezas de cuero, lo que hacía que los interiores fuesen sombríos y poco acogedores.O se pelaban de frío o tenían que encender lámparas de aceite.
El conde sigue reflexionando mientras se viste. Se pone los calzones, los zapatos, una especie de camiseta y una túnica de diario, abotonada de arriba abajo. ¡Otra cosa inventada en la Edad Media!¡Los botones!. Algo tan sencillo, pero se pasaron antes siglos y siglos teniendo que sujetarse las vestiduras con fíbulas, broches o lazadas (quién no ha visto Cleopatra, Ben Hur o los 10 mandamientos? Acordaos.).
El conde se acerca a la chimenea y se calienta las manos con los rescoldos.¡Otro fenomenal invento de la época! ¡La chimenea!. Antes no existían y tenían que encender fuego dentro de las casas, con las consiguientes molestias del humo y el peligro que representaba.

Después de tan doctas explicaciones ya podemos proseguir con nuestro héroe.
Don Ñuflo había tomado una decisión.
-¡¡Clodulfo, Cunegunda!!
Gritó, al oir sus voces no lejos de allí.
Estos llegaron a toda prisa, a ver qué pasaba ahora.
-¡¡Llamad a mi sobrino Arnaldo, quiero hablar con él!!!
-Imposible, señor. Acaba de partir hacia el pueblo
-¡¿Y qué va a hacer a estas horas al pueblo?!
-Es que parece que Omar se ha metido en un lío, y como son amigos, ha ido a ayudarle, señor...
-¡Ah, Omar, Omar! ¡fruto de mis amores con la bella cautiva Zuraya, cuyo nombre significa Cielo Estrellado!
¡Dos luceros eran tus ojos negros!¡Cuánto te amé y que suerte tuve de que fueras la sobrina del Emir de Badajoz!. Así, despues de un año de loca pasión, pude obtener por tí un buen rescate...¡Qué ojos de brasa...! ¡Qué listo soy, que aúno los negocios con el placer!
Después de este arrebato rugió:
-¡Buscadme a Arnaldo, tengo que hablar con él enseguida!
-Pero señor, tardaremos un poco, pues nos temenos que se haya metido en un lío...
-¡¡Rápido, fuera de mi vista!!!
Y fuesen corriendo al villorrio a por Arnaldo, que por cierto estaba pasando sus apuros.

(continuará. Fin del capitulo)

miércoles, 10 de septiembre de 2008

CAPITULO IX



A la mañana siguiente, en el patio había un gran griterío. Estaban discutiendo Arnaldo, Don Nuño y Clodulfo.. Arnaldo defendía a su amigo Omar.
-¡Es que el pobrecillo lo está pasando fatal!¡Está hambriendo!¡Ayer no encontró nada en la cocina!...
-¿Y por qué tiene que buscar comida en la cocina?- preguntó Clodulfo despistado. -Que coma con los demás...
-Pero, mi buen Clodulfo, ya os he contado lo del Ramadán...
-¡Tonterías de infieles!
-¡Es como su Cuaresma, pero peor!
-¡Bobadas!
-Para él no es una bobada, y si ha hecho lo que ha hecho, ha sido impelido por el hambre...
-¿Pero qué ha hecho?- dijo Don Nuño, que tampoco se enteraba.
-Pues que el pobre esta noche, desesperado de estar dos días sin comer, ha salido del castillo y se ha ido a la casa de lenocinio del villorrio, y allí, en vez de pagar honradamente para folgar con barragana, se ha introducido subrepticiamente en la despensa y se ha comido todas las viandas que ha hallado. Ahora está enmedio de la plaza, en la picota, con la cabeza y las manos en un brete, siendo la irrisión de todos.¡Hay que hacer algo por el!
-Pues él se lo ha buscado- dijo Clodulfo,además, no tendría sentido exponer la piel por un infiel, cuando me he cargado a tantos...
-Os recuerdo que ese infiel es hijo de vuestro señor Don Ñuflo...
-¡ Yo solo tengo un señor, mi amo Don Nuño!
-Gracias, Clodulfo... dijo don Nuño conmovido.
Al ver que no conseguía ayuda, salió a escape hacia el poblacho a tratar de ayudar a Omar. Arnaldo era amigo de sus amigos.

---------------

lunes, 8 de septiembre de 2008

CAPITULO VIII


Mientras tanto, el conde había despertado. Tenía acidez de estómago y le dolía la cabeza. Empezó a gritar, medio dormido, creyendo que estaba en la batalla:
¡A mí mis bravos!¿Me han noqueado los infieles!
A esto llegaron nuño y clodulfo.
-No, hijo; es que te acabas de despertar de la mona que cogiste anoche.
-Me duee la cabeza-gimió.
-Con lo que tragaste, no es raro que cogieras también una indigestión...dijo su padre.
-¿¿¿Dónde está la adúltera???!!- dijo reaccionando y recordando lo pasado la noche anterior.-¿Cómo?-despistó Don Nuño.
-¡Mi esposa Leonor!.
-Aquí llega- dijo Don Nuño mirando por la ventana. -Viene de misa.
-¡Hipócrita, mala mujer!
-Hijo, no te precipites. Habla con ella tranquilo.
Doña Leonor, que había oído los gritos, subía de dos en dos los escalones. Entró en tromba en el aposento de su esposo. Teatralmente, llegó ante él y se postró de rodillas primero, y luego cayó de bruces.
-Esposo mío, si no me crees, ahora vengo de confesar con el abad y le he contado que dudáis de mi virtud. El sabe todo de mí (eso era verdad) pues es mi director espiritual. Preguntadle. Es hombre sabio.
-Bueno, ya iré...-dijo el conde con expresión angustiada.
Y no era por sus cuitas conyugales, sino porque al ponerse en pie había notado yn terrible dolor de barriga con retortijones, prolegómenos de un cólico fenomenal.
-Debo salir de aquí a evacuar...-dijo, poniéndose verde.
-¡Venid, hijo, al corral!- dijo Nuño aliviado, cogiendo a su hijo de la mano.
Y ambos desaparecieron rápidamente escaleras abajo.
La condesa respiró. Su esposo parecía dispuesto a hablar con el abad y mientras estuviese enfermo no era fácil que la asesinase. El conde era metódico y no sabía hacer dos cosas a la vez, como casi todos los hombres.Si tenía diarrea, antes esperaría a estar curado a actuar de la manera que fuese. Estrangularla o visitar al abad.Pero la condesa confiaba en que optaría por esta última solución, al menos en un principio. En el fondo el conde Ñuflo era muy comodón, y mientras su honor quedase a salvo era poco amigo de broncas, y las peleas familiares le horrorizaban, sobre cuando había mujeres histéricas llorando.

-------------

El Conde estuvo todo el dia del corral al cuarto y del cuarto al corral, con gran alivio de todos.Así se iría serenando, pensaban. Por la noche volvió a caer exhausto en su lecho y durmió otra vez profundamente.Esa noche todos durmieron como troncos, pues ya estaban superagotados. Hasta el fantasma de Don Arnulfo y su perra no se dejaron ver, , ni se oyó ruido de cadenas.

---------------

domingo, 7 de septiembre de 2008

continuación)


-Nada de histerismos, Leo. Conservar la cabeza es lo principal. Lo más sensato es esperar la reacción de Don Ñuflo, y una vez sepamos por donde tira, actuaremos en consecuencia.
-Eso, y mientras a mí ya me ha cortado el cuello...¿no podrías venir ahora al castillo conmigo?
-¡No!¡Eso sería un gran error. sospecharía algo extraño. Oficialmente yo no tengo nada que ver en este asunto...
-¿Escurres el bulto?
-Leonor, sabes que te amo, que eres la perdición de mi alma, pero prefiero consumirme en el fuego eterno y ahora en este valle de lágrimas en el de tu pasión, que no tener fuego de ninguna clase. Yo soy muy friolero, ya lo sabes.
-Sí, mucha labia tienes tambien, como toda la clericalla... Estoy pensando que cuando Ñuflo despierte, le diré que si no me cree, venga a verte y le cuentas con detalle lo de los íncubos y los súcubos y a tí probablemente te creerá, pues te respeta y reverencia...
-Esperemos que así sea- dijo el abad, dejando escapar un suspirillo.
-¡No me abandones en esta situación!¡Mi vida peligra por amor hacia tí!¡Piensa que yo también arderé en el infierno, y a mí el calor me festidia...!
-No te abandonaré querida Leo.Confía en mí. Yo convenceré al conde.
-Me voy. Estoy en una situación comprometida. Mis criados creen que estoy confesando...
-Ve con Dios, amada...
-Adiós, adiós...-dijo la condesa un poco mosca.
Salió de la celda, volvió con el ama y el paje, y todos regresaron al castillo son decir una palabra.

sábado, 6 de septiembre de 2008

CAPITULO VII


El grupo llega a la abadía. El paje llama al grueso portón.
-¡PON,PON!!
Dentro se oyen cantos angélicos. Son los monjes en la iglesia. También se oye, lejana, una campanilla.
La pesada puerta rechina y se abre lentamente. Aparece el hermano portero, un anciano de barba blanca.
-Hermano- dice Doña Leonor- quisiera confesar con Fray Facundo de Rocafort.
-Está en éxtasis- contesta el fraile. Tardará unos tres cuartos de hora..
-Vaya, esperaremos,- contestó contrariada la condesa.
Les hizo pasar a una salita de espera, amueblada sobria y austeramente con sillones de madera y cuero, y estatuas de santos con cara de susto en hornacinas en las paredes encaladas.
-¿Han desayunado sus mercedes?- preguntó el fray.
-Sí, gracias,- contestó Leonor sin ganas de charla.
-Sí, sí... respondieron el paje y Cunegunda como un eco.
Por una ventana redonda en lo alto del muro del fondo entraba un rayo de sol, que llegaba hasta los pies de la condesa, calzados con exquisitos escarpines moriscos, bordados con hilo de oro. Tenía los dedos de las manos cruzados y daba vueltas a los pulgares. No las tenía todas consigo. Esperaba que el abad, hombre astuto y de recursos, la ayudase. El creía a pies juntillas que Gumersindito era hijo suyo, y tenía que ayudarle a que el conde se tragase la historia del íncubo. Confiaba en la discreción de Arnaldo, con el que no había tenido ninguna explicación, pro sabía que él sabía, y que nunca se creyó lo del niño prematuro. Cunegunda sin embargo estaba convencida de que el niño era hijo del abad.
Al cabo de un rato pasó un fraile llevando leche de cabra con torrijas, que olían como los ángeles.
Al rato volvió el religioso.
-Ahora le recibirá Fray Facundo, señora condesa. Ya ha salido del éxtasis y va a desayunar. Estos arrebatos místicos le dejan agotado. Cuando haya terminado les hago pasar.
-¡Qué asco!-dijo Cunegunda. -Parece que estamos en un ambulatorio de la Seguridad Social. ¡Yo quiero torrijas!....y se opuso a sollozar.
-¡Calla, por favor,- chilló la condesa- no me pongas más nerviosa!!
Entonces apareció otro fraile que, dirigiéndose a Leonor, y sin mirar por un momento a los otros, le dijo:
-El abad os espera.
Leonor se levanto y fué conducida por un corredor, que conocía muy bien, a la celda del abad.
Este estaba de pie, y en la estancia flotaba aún un agradable olorcillo a torrijas con miel.No era muy cenobita la estancia, pues aquí los sillones eran de terciopelo, y la cama, aunque no de grandes proporciones, era mucho más cómoda que las de los monjes., pues tenía colchón de plumas en vez de paja. De esto sabía algo la condesa.
-Señora- dijo el abad. -Me figuro a lo que venía.
Y acto seguido cerró la puerta con dos vueltas de llave.
-¡Ay, Facu! ¡menuda se ha armado!
-Ya lo sé, Leo querida. Tengo mis espías.
-¡¿En el castillo?!
-¡Pues claro!
-¡Caray!...¿Y... qué vamos a hacer?. Yo le dije a mi esposo lo del íncubo, pero no traga. Ahora debe estar ya despertándose, y a lo peor me mata.¡Estoy asustadísima!...Y la condesa tenía el rostro desencajado.

(continuará)