

Cuando se unieron Castilla y Aragón por el matrimonio de los Reyes Católicos, toda la Península Ibérica estaba dividida en pequeños reinos feudales, cada una con su señor, su castillo y su torre, todo bien alto. Isabel, la reina nefasta, para darles en los morros, (con perdón) y ahora que ellos eran los más fuertes, ordenó que se desmochasen las torres de todos los castillos y fortalezas, que la mayoría se vino abajo, y que rebajasen sus castillos varias alturas, para humillarlos y que vieran quién mandaba allí. Ahora no se nota tanto, pero al pasear por Cáceres yo veo aquellas casas señoriales, que debieron ser altas y orgullosas, con sus torres , convertidas en chatas casas de nobles. Esto lo hicieron los Católicos Reyes. Estropearon maravillas, por supuesto. Sin embargo, la ciudad de Cáceres es una de las más bonitas de España, y se pueden ver aún los preciosos escudos en lo alto de las puertas, que ésos, por chiripa, se salvaron.
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