Una vez llevaban a un bandolero anónimo a la horca, y era lunes. Como el hombre llevaba las manos atadas a la espalda, tropezó y se pegó un castañazo de miedo en las narices. Se levantó y filosóficamente dijo: -Mal empieza la semana...
Estos bandoleros eran muy suyos. Hubo otro que, con la cuerda al cuello, dijo ý lo pudo oir la muchedumbre que miraba su ejecución: "-¡Sé feliz, patria mía...!"
Me contaba un señor con el que yo trabajaba y se llamaba Sarmiento, que cuando su padre era pequeño, en Palma y supongo que en todas partes, las ejecuciones eran aún públicas, y que los papás llevaban a sus nenes a verlas (cuando ya tenían uso de razón), y después de muerto el condenado, les daban una bofetada y les decían:"-Para que aprendas a ser un hombre de bien...". Jolines y la pedagogía de entonces...Ahora suspenden una asignatura y ya les mandan al psicólogo para que no se traumatice...
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